En muchas culturas y de mil maneras distintas, nos dicen que, cuando son muchas las manos las que intervienen en la cocina, la comida termina por arruinarse. Pero en el caso de los acuerdos y tratados que buscan garantizar la protección de quienes han sido marginades y desposeídes de sus derechos, la pregunta no debería ser por la cantidad de chefs que hay en la cocina, sino por cuáles están allí para asegurarse de que el plato final nutra y reconforte a quienes está destinado a beneficiar.
No hay mejor ejemplo de esto que el largo proceso que han llevado adelante les Feministas por un Tratado Vinculante (F4BT, por su sigla en Inglés) en pos de la creación de un instrumento jurídicamente vinculante para regular las actividades de las corporaciones transnacionales y otras empresas en el marco legal internacional de los derechos humanos. Hasta cierto punto, podría imaginarse como un proceso colegiado que reúne a todes les actores involucrades — al fin y al cabo, el marco legal internacional de los derechos humanos es en sí mismo un instrumento que nos convoca a todes bajo un mismo principio: la inviolabilidad de los derechos humanos—.
Y sin embargo, el proceso de creación de este tratado vinculante ha revelado que, si bien les actores involucrades, la sociedad civil, los Estados parte y las corporaciones transnacionales pueden hablar de la importancia de defender los derechos humanos, crear un documento regulatorio que garantice que esas palabras se traduzcan en hechos es algo completamente distinto. Después de todo, las promesas blandas y los actos voluntarios de compasión son fáciles de realizar; un tratado vinculante que haga responsables a las corporaciones y las empresas por las violaciones de derechos es un capítulo diferente y más urgente, que estamos escribiendo para luchar contra la impunidad corporativa.
Desde 2014, el Tratado Vinculante sobre Organizaciones Transnacionales se debate en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y aunque se forjó un frente común sólido en reclamo de un tratado de la ONU contra la impunidad corporativa, no sorprende que este instrumento aún no haya podido finalizarse ni ser firmado por todas las partes interesadas. Las redes de Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) han participado de manera incansable en el Grupo de Trabajo Intergubernamental de la ONU para negociar un Instrumento Jurídicamente Vinculante sobre Corporaciones Transnacionales y Derechos Humanos, que se reúne anualmente. Han pasado más de diez años y este tratado sigue sin ver la luz. De hecho, si la 11ª reunión celebrada en Ginebra en octubre de 2025 es alguna señal, la resistencia contra este tratado vinculante se está intensificando y las voces en contra se hacen cada vez más fuertes.
Pero es aquí donde F4BT se convierte en una fuerza crucial para la creación de este tratado vinculante. Les feministas aportan a este espacio la paciencia y la persistencia, la estrategia y la solidaridad que exige el compromiso con este proceso. No se trata solo del largo y arduo proceso de crear un tratado que cuente con el apoyo de todes les involucrades; se trata también del enfrentamiento con un lobby corporativo que se ha vuelto cada vez más visible con el paso de los años.
En la reunión de 2025, los intereses corporativos se hicieron palpables a través de la Organización Internacional de Empleadores (OIE) y el Consejo de los Estados Unidos para el Comercio Internacional (USCIB). Su estrategia era simple: controlar el tono y el rumbo de las discusiones para protegerse de lo que denominan «ataques» de las OSC. Entre solicitudes a la presidencia para limitar y regular el espacio y veladas amenazas de abandonar la mesa si no se cumplían ciertas condiciones, el lobby corporativo reveló sin querer su punto débil: la incapacidad de debatir el fondo del Tratado Vinculante.
Es aquí donde la participación feminista en el proceso resulta fundamental. F4BT llega preparada para proponer ediciones y revisiones de artículos específicos, con argumentos sólidos y evidencia contundente. Al tomar la palabra después de los Estados y los lobbies corporativos, las OSC se toman el tiempo de escuchar lo que se está diciendo y aprovechan la oportunidad para responder a los puntos planteados por quienes están del otro lado de la sala.
En la sesión de 2025, el equipo de Feministas por un Tratado Vinculante era más reducido que de costumbre, pero esto solo implicó ser más estratégicas en cuanto a los roles que cada integrante del equipo asumiría. La manera feminista de trabajar de forma horizontal y transparente, a partir de la cual cada voz es escuchada y valorada, garantizó tanto la representación como la agilidad. Un recordatorio de que, cuando la colaboración y el trabajo en equipo están orientados hacia los mismos objetivos, cada persona respalda a la otra y nadie es prescindible.
Esto cobra especial relevancia en este momento crucial del proceso, cuando los Estados y los lobbies corporativos cuestionan cada vez más la agenda de género y feminista, e incluso países con agenda feminista la perciben como un factor que divide. En cierta medida, la insistencia del lobby corporativo para que la creación del tratado vinculante quede supeditada a los Principios Rectores de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos da cuenta de esto, cuestionando la pertinencia de la participación feminista bajo el argumento de que se inmiscuye en la creación de normas.
Se hace evidente que la impunidad corporativa se ha convertido en la norma, a pesar de los principios rectores existentes sobre empresas y derechos humanos. El derecho internacional está en constante evolución para dar respuesta a la escalada de actos de impunidad en el mundo, y es nuestra responsabilidad adoptar interpretaciones más progresistas de la normativa internacional de derechos humanos si queremos estar en condiciones de responder al tipo de violaciones que estamos presenciando. Al fin y al cabo, la rendición de cuentas corporativa que este tratado vinculante exige está directamente vinculada a casos documentados de impunidad corporativa.
Es importante destacar que cuando los Estados y los lobbies corporativos hablan de mantener el statu quo, ese statu quo es precisamente lo que nos ha traído hasta aquí, a esta sala, a hablar de impunidad corporativa, de violación de los derechos humanos y de la necesidad de rendición de cuentas.
En cuanto a la idea de que la agenda feminista y de género es divisiva, vale la pena repetir que estos procesos de negociación hacia la creación de cualquier acuerdo se basan en la construcción de consensos. Sin las feministas, no habría consenso.
Y es por eso que resulta más urgente que nunca que más feministas se sumen al proceso de creación de este Tratado Vinculante; quizás la meta aún no se vislumbre, pero las tensiones que atraviesan la representación multilateral en la sala son señal de que algo se está moviendo.
Cuando se cuestiona nuestra presencia en la sala, es precisamente entonces cuando tenemos la plena certeza de que debemos estar ahí.
Las próximas sesiones intersesionales del grupo de trabajo intergubernamental sobre corporaciones transnacionales y otras empresas en relación con los derechos humanos están previstas para el 28 y 29 de mayo y en junio de 2026. El informe preliminar de la sesión de octubre de 2025 está disponible aquí.